El dia se ha llenado de luces, de azules cenizos cubriendo el cielo, de rayos de sol con poca dosis de calor, de brisa matutina bañada de escarcha aterciopelada.
Siempre el frio baña mi piel, siempre mis manos destacan eso que tanto odio: el hielo, el mas puro y doloroso hielo, que se cuela por cada poro de mi piel, que inunda sin quererlo, hasta mis pupilas soñolientas.
Un dia gris para mi, un dia soleado para el resto de mortales que corrian por las calles medio desiertas y adormecidas despues de fiestas.
Todo se giro en la contra de unas agujas de reloj incoherentes, de un pensamiento vulgar, de un desanimo agonico. Solo tenian suerte los monstruos de los resquicios de oscuridad, anhelantes de ese grito desesperado, deseosos de otra dosis más de amapolas floreciendo en la nieve.
Pero de momento no existen amapolas.
Hay gritos y hay dolor, hay vacio en las entrañas de mi mente confusa, hay necesidad de leer y de escuchar, de poder liberar tales pensamientos autodestructivos.
Pocos pueden lograr entender el dolor de este monstruo escondido bajo telas de ropa desteñidas por rios de lagrimas llenas de oscuridad y temor.
Nadie desea tender la mano a un monstruo que rompio sus cadenas y con ellas destruyo la fortaleza de su inherte guardian.
Demasiadas noches gritando en silencio en la jaula de fuego del primer angel caido,
larga oscuridad que alimento y armó de valor y odio su mente nonata,
gotas de la más triste lluvia que permitieron que nadie le viese llorar.
La cuenta atrás ha empezado, la oscuridad se cierne sobre mi, y a pesar de las luces que cubren las calles, ninguna voz puede calar ya dentro de mi...


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