Simplemente porque a veces nuestros pensamientos y las acciones de estos, quedan ocultos en la oscuridad de las palabras y de los impulsos decadentes de la mano humana. Solo por ello, por esos silencios grotescos y rodeados por la fria piedra, merece el ser humano contar estrellas fugaces en todas las noches del año, puesto que en esa fugacidad van sus sueños envueltos en ceniza.
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