Llego mi infierno,
mi dulce condena,
mi mundo de perdición,
donde bailar con mi copa
no supone un pecado,
sino mi sencilla liberación.
Pinta como quieras el mundo que te rodea,
pues el pintor hace horas extras y sin cobrar,
atado eternamente a su pincel y paleta
dispuesto a ocultar al mundo las imperfecciones de su sala de estar.
Pared gris ceniza,
de manchas negras cubierta mi esquina,
de carbón de leña tirado en el suelo,
de manchas eternas cubierta mi ropa,
y de chispas de fuego que abrasan mis pies.
Un viejo colchón despedazado, sobre una cama de muelles que chirrían con el solo roce del humo de mi alma.
Allí se acuesta mi mente a conversar con la triste soledad.
Dos puntos rojos bailan en la sala,
al compás del crujir de la madera,
acompañados por el diabólico viento de tormenta,
cubriendo los cielos de oscuridad.
Y después del baile subí al encuentro
del ángel bajado del cielo,
con alas negro azabache
y coronado por su oscuro mirar.
Mil serpientes bebían veneno,
de ese que venden en frascos pequeños,
en farmacias de esquina y casi sin luz.
TU, si TU, mi ángel de alas negras, de oscuro mirar, desafiando al destino, corrompiendo el presente con el veneno y tus serpientes, muestrame otro camino que mis pies no hayan recorrido aun.
mi dulce condena,
mi mundo de perdición,
donde bailar con mi copa
no supone un pecado,
sino mi sencilla liberación.
Pinta como quieras el mundo que te rodea,
pues el pintor hace horas extras y sin cobrar,
atado eternamente a su pincel y paleta
dispuesto a ocultar al mundo las imperfecciones de su sala de estar.
Pared gris ceniza,
de manchas negras cubierta mi esquina,
de carbón de leña tirado en el suelo,
de manchas eternas cubierta mi ropa,
y de chispas de fuego que abrasan mis pies.
Un viejo colchón despedazado, sobre una cama de muelles que chirrían con el solo roce del humo de mi alma.
Allí se acuesta mi mente a conversar con la triste soledad.
Dos puntos rojos bailan en la sala,
al compás del crujir de la madera,
acompañados por el diabólico viento de tormenta,
cubriendo los cielos de oscuridad.
Y después del baile subí al encuentro
del ángel bajado del cielo,
con alas negro azabache
y coronado por su oscuro mirar.
Mil serpientes bebían veneno,
de ese que venden en frascos pequeños,
en farmacias de esquina y casi sin luz.
TU, si TU, mi ángel de alas negras, de oscuro mirar, desafiando al destino, corrompiendo el presente con el veneno y tus serpientes, muestrame otro camino que mis pies no hayan recorrido aun.

Increíble, simplemente. Espero que estés mejor. Un beso enorme, cuídate.
ResponEliminaIncreible, fantastico... un beso y cuidate.
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